
El Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali ya envió más de 300 toneladas de ayuda humanitaria a más de siete territorios afectados. Pero quienes trabajan día a día con las víctimas insisten en algo que pocas veces se dice en voz alta: cuando las cámaras se apaguen, el hambre y la necesidad seguirán ahí. Por eso, la Iglesia y sus obras de caridad hacen un llamado a sostener la solidaridad en el tiempo.
Cali, Colombia. 16 de agosto de 2026 (Redacción). — Hay una imagen que se repite en cada emergencia que golpea a Colombia: camiones que parten cargados de alimentos, voluntarios que trabajan hasta la madrugada, noticias que por unos días llenan portadas y redes sociales. Y luego, silenciosamente, la atención se traslada a otra parte. La tragedia deja de ser noticia. Pero las familias que lo perdieron todo —su casa, su trabajo, muchas veces a sus seres queridos— siguen ahí, en medio de los escombros, tratando de sostener lo poco que les queda.
Es esa realidad la que hoy mueve al Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali, que bajo la campaña “Juntos Somos Esperanza” ha despachado más de 300 toneladas de ayuda humanitaria —alimentos no perecederos, agua, kits de aseo, medicamentos, ropa y hasta comida para las mascotas que también lo perdieron todo— hacia siete regiones del país golpeadas por la emergencia. Una respuesta inmediata, generosa, necesaria. Pero, advierten desde la institución, insuficiente si se queda en un solo envío.
“Lo que hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mateo 25, 40). Esa es la brújula que guía cada tonelada que sale de nuestras bodegas: no es solo ayuda material, es un acto de fe.
Detrás de cada caja que se carga en un camión hay un rostro concreto: una madre que no sabe dónde va a dormir esta noche, un anciano que perdió los documentos junto con su casa, un niño que dejó de ir al colegio porque su familia tuvo que huir. Son historias que rara vez llegan a los titulares, pero que constituyen el día a día de miles de hogares colombianos desde que la emergencia comenzó.
Y es ahí donde surge la preocupación más urgente para quienes coordinan la ayuda: la reconstrucción de una vida no ocurre en semanas. Los expertos en atención humanitaria
coinciden en que, pasados los primeros meses, cuando la ayuda de emergencia se agota y la atención mediática se apaga, comienza la etapa más silenciosa y más dura: la de sostener a las familias mientras recuperan su capacidad de valerse por sí mismas. Sin acompañamiento continuo, muchas de ellas corren el riesgo de caer en una pobreza aún más profunda que la que ya sufrían antes del desastre.
“Podemos entregar hoy toda la comida del mundo, pero si en tres meses esas familias no tienen con qué sostenerse, no las habremos ayudado de verdad; solo habremos aplazado su sufrimiento”, resumen desde el Banco de Alimentos, que acompaña diariamente a 456 fundaciones y organizaciones sociales en el Valle del Cauca y que ahora extiende su labor a otras regiones del país.
Por eso, el llamado que hace hoy la institución no es solo a donar una vez, sino a sostener la ayuda en el tiempo: campañas de acompañamiento que se extiendan más allá de la emergencia inicial, alianzas con parroquias y comunidades locales que permanezcan presentes cuando la ayuda estatal y mediática disminuya, y una red de donantes recurrentes que garantice que, dentro de seis meses, esas familias sigan teniendo un plato de comida sobre la mesa.
Para el Banco de Alimentos de Cali, esta labor está profundamente enraizada en la fe. Cada envío, aseguran, lleva mucho más que mercancía: lleva el testimonio de que la Iglesia no abandona a quienes sufren, ni hoy ni dentro de unos meses, cuando la urgencia haya dejado de ser titular de prensa.
Colombia es una sola familia, y cuando uno de sus miembros sufre, todos estamos llamados a tender la mano. No por un día, sino por el tiempo que sea necesario.
En esta labor, insisten, nadie sobra. Una donación puede alimentar a una familia por un día; un compromiso sostenido puede devolverle a esa misma familia la dignidad de reconstruir su vida. Empresas, parroquias, comunidades educativas y ciudadanos de a pie están invitados a sumarse, ya sea con aportes económicos, alimentos, tiempo de voluntariado o simplemente difundiendo el mensaje para que más personas conozcan esta necesidad que no tiene fecha de vencimiento.
“Juntos Somos Esperanza” no es solo el nombre de una campaña: es una invitación permanente. Porque mientras haya una familia colombiana que no sepa cómo sostenerse mañana, la misión de acompañarla —con fe, con alimento y con amor al prójimo— continúa.
Cómo ayudar:
Quienes deseen sumarse a la campaña “Juntos Somos Esperanza” pueden hacer sus donaciones a través del Banco de Alimentos de la Arquidiócesis de Cali.
Más información: donaciones@bancalimentos.org · Tel. (602) 881 2066. WhatsApp: 315 226 5070. Cuenta de ahorros: 06 200 001 625. Fundación Arquidiocesana Banco de Alimentos de Cali. NIT: 805.025.018.. Llave de BreB: 0090201442